| El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo
y arameo, dos lenguas semíticas. El
hebreo bíblico posee admirables cualidades,
es singularmente rítmio y musical.
Su literatura poética está dotada
de una notable nobleza y dignidad de estilo,
lo cual, junto con su viveza le permite ser
un vehículo particularmente eficaz
para expresar las verdades sagradas. Los conceptos
que están por detrás de su vocabulario
le imparten su carácter vivaz y pintoresco.
Como resultado de las conquistas de Alejandro
Magno, los antiguos dialectos griegos se fundieron
en una habla común, el Koine o griego <<común>>. En
una de sus formas este lenguaje vino a ser
el koine literario, o helenístico,
de escritores como Josefo. En su forma hablada
era la lengua de millones de personas a lo
largo y a lo ancho del mundo grecorromano
y, en la providencia de Dios, fue bajo estas
condiciones y en este lenguaje cosmopolita
que se escribió el Nuevo Testamento,
es decir en greigo koiné,
dialecto popular de una lengua indo-europea.
No puede haber una verdadera teología
bíblica a no ser que se haya echado
para ella un sólido fundamento textual
y gramatical. |